¿Por qué Edificio inverso?

 

 

 

Porque las cosas pueden ser de otra manera.

Porque un día yo escribí estos poemas así titulados

pensando, intuyendo, sintiendo, ansiando esa posibilidad.

 

I





Todo tu cuerpo, ha sido creado por tus ojos donde reside la luz y para tus ojos donde navega el verde e irisa de hermosura pestañas, párpados, cejas, pensamientos, inteligencia, amor...hasta donde surge el aire en cuya esencia te diluyes y te expandes. Sí; en el Principio fueron tus ojos, la luz, y fueron a ciento setenta y cinco centímetros del suelo (digo suelo por dar una referencia actual, ya que cuando tú alentaste, no existía el suelo, ni la tierra, ni el cosmos, ni siquiera el átomo, ni los corpúsculos mínimos de la luz: eres anterior a la existencia; hálito que ilumina la creación). En el Principio, su propia belleza los mantenía en el éter. Y de ellos en una irradiación expansiva controlada por el límite donde se encerraría tu cuerpo fue alumbrando carne como algodón, humores como néctar, piel como seda, arterias como raíces, pechos y vientre, manos, muslos, pies...como flores habitantes del gran tiempo.
 

II





Amo las ruedas. Amo su perfección. Amo su belleza. Y olvidaba decir que las ruedas son redondas porque a ello les llama su perfección. Si las ruedas fueran cuadradas se llamarían cuedras y los coches, por ejemplo... no sé cómo se llamarían, pero no serían coches.


No quiero que olvides que mi amor no es una pasión ciega e inútil; pasión deslumbrada y deslumbradora de mi ser que me ahoga en mi obnubilación. Puedo, sin duda, a pesar del amor, distanciarme del objeto amado, analizarlo, definirlo (y desde luego, con ello, volver a sentir amor). Por eso por tal serenidad puedo decirte, deciros que os calléis, que no sabéis nada de amor, ni de ruedas; que las ruedas no son ruedas por ser redondas sino que son redondas para ser ruedas.


Os desprecio: vuestra estupidez e ignorancia me obliga a desvelar mis intimidades. A veces, no puedo evitarlo, caigo en la trampa. El amor es tanto.


(...)



                       X



Se le ha caído el aire al pájaro y ya vuela. Surge de su plumífero límite el espacio y va creando la distancia y la altitud. Y ya vuelan, por el espacio que va dejando, las otras aves. Es el pájaro de los  puntos cardinales que orienta y desorienta el laberinto. Y yo lo miro volar y se expande la emoción, la ilusión de cogerlo con la mano y sentirme arrastrado al espacio infinito y temporal.


 
 






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