NO ES TIEMPO DE CAMPANAS
Suenan las campanas de manera tan continuada que estamos ensordecidos. No oímos nada. Ruido, solo ruido. Explosiones tal vez. Quizá se estén llevando algo de nuestros cuerpos; algo de nuestra convivencia. De tanta insensibilización como producen los disonantes tañidos, no sabemos si es sudor esto untuoso que palpamos al tocarnos. Si es sangre. Desde luego, oprobio, sufrimiento inútil, absurdo y fractura en nuestro tejido humano y social. De nada sirve seguir pidiendo diálogo. De nada sirve hacer ver que los tiempos han cambiado que la Edad Media, que 1640, que 1714, que las Guerras Carlistas, que la República, que la Dictadura quedaron atrás, con sus modos, sus sensibilidades, sus intereses. ¿De nada sirve decir que este es el tiempo del diálogo, del respeto, de la solidaridad, de la justicia, de la empatía? ¡No es tiempo de campanas! Las obsoletas campanas del rebato, del incendio, de la muerte, del rezo, del "alarma"... han periclitado. ¡No es tiempo de cam...