Amor humano, amor condicional
"... He tenido historias de amor maravillosas... Pues bien ¡nada comparable a lametazo de perro...! ¿Qué te parece?", espetó eufórica la habladora -Tengo que marcharme- Salida muy airosa para un interlocutor, seguramente estupefacto, cuyo lenguaje corporal no delataba que su contestación quería ser: -Pues habla muy mal de ti, el que nadie te haya amado, el que no hayas podido gozar en una relación ese sentimiento único, esa sensación inefable con otro ser de tu especie, la humana. ¿Quizá por tu caracter impositivo, intolerante? Quizá porque lo que has pretendido, con él o con ella, es acceder al amor incondicional que, entusiasmada y sorprendida, confiesas haber alcanzado, con tu perro. Un perro no te puede decir: tengo la condición humana y debes respetarme, no dejarme solo y encerrado todo el día, no reprenderme porque no haga las cosas como tu esperas; haz un proyecto vital conmigo. Respétame. Ámame... No te puede poner condiciones porque... ¡es un perro...