Después de años escribiendo teatro y representándolo en múltiples lugares, me decidí a llevar a cabo el ejercicio literario de esta novela, El hombre agujereado, que de momento me ha dado la satisfacción de su publicación hace ya casi un año y de sacar a la luz un excelente trabajo pictórico de mi hija Natalia: su Mujer agujereada.
Lo más llamativo es que ambas obras surgen de procesos creativos independientes, de estados de pensamiento y de imaginación aislados. Nunca nos comunicamos inquietud alguna que nos llevara a un resultado tan coincidente. Ello revela, una profunda comunidad espiritual en nuestras preocupaciones humanas o ¿podría pensarse que no es más que una simple casualidad?
Añado algunos de los comentarios que se han hecho de la novela y que figuran en su solapa:
«El hombre agujereado es una sarcástica y despiadada metáfora
del hombre moderno».
del hombre moderno».
«Hay párrafos que aunque no dijeran nada es un placer dejarlos
discurrir por tu mente y disfrutar su cadencia…».
«… si literariamente es una dramática y bien mantenida alegoría,
cuyo léxico y sintaxis reclaman una delicada atención
del lector para gozar el denso y cambiante estilo que se ajusta
a las sinuosidades sicológicas de los personajes, temáticamente,
El hombre agujereado supone un extraordinario esfuerzo
por desentrañar la condición humana en unas circunstancias
socio-económicas como las actuales en las que la
ausencia de valores, condenan al ser humano a una esclavitud,
aceptada como norma, que le destruye aunque siga respirando
su vida y pululando por un mundo igualmente destruidos».
«Me apasiona el tema, me… ‘epata’ el estilo».
«… los agujeros, los agujeros… tienen que ver con el vacío,
con la nada ¿no?... Entonces, una mujer, un hombre agujereados...».
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