Cuando insultan a la madre de uno, este puede estar en dos momentos del desarrollo temporal de su vida: la infancia y adolescencia (impulso, pasión, instinto) o en el llamado periodo adulto (contención, reflexión, análisis).
Según el momento histórico en que se encuentre el hijo de la insultada, la reacción será una (resorte, violencia) u otra (resiliencia, indiferencia, razonamiento).
En este último caso, adviertes que, por peores apelativos que dirijan a tu madre, si realmente no la adornan, si no corresponden a su ser o a su actuar, de ningún modo puede afectar ni a su esencia ni a su reputación. El pretendido insulto y la presunta insultada pertenecen a mundos paralelos, en los que la posible ofensa se desmorona en la ausencia de intersección entre ambos.
Por otra parte, la grandeza de tu madre, que tú la sabes y la vives ¿puede ser alcanzada por tan insignificante intento?
Es como los dioses y los hombres ¿pueden estos tocar a aquellos?
¡Qué torpe pretensión!
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