REFUGIADOS

Terrible actualidad. Comparto con vosotros este texto mío sobre el tema. Fue publicado por la  editorial Educo de la Universidad Nacional del Comahue Neuquén (Argentina) en 2008, en una antología titulada Nuevo Teatro Europeo, compilada por Alejandro Finzi.

REFUGIADOS

            La larga cola de refugiados se extiende, desde aquí delante hasta perderse en el horizonte, como hormigas, cruzando todo el escenario de uno a otro lado. Es una masa turbia, gris, raída, con el horror agarrado a los rostros sucios. Ladislao y Popa van entre ellos.
Pop.- Lo degollaré en cuanto te descuides. ¡Fíjate bien lo que te digo: lo degollaré! (El hombre protege al niño. Popa, siempre fuera de la fila, va y viene. Con furia:) ¡Yo misma! ¡Con estas manos!
Lad.- ¡Calla mujer! (Aprieta, contra sí, al niño, que lleva en brazos)
Pop.- No voy a permitir que crezca a nuestro lado...Lo mataré, te lo juro. (Vuelve a alejarse)
Lad.- (Al niño) No te preocupes, yo no dejaré que lo haga.
Pop.- Crees que le voy a ver crecer, recordándonos continuamente a los nuestros... (Solloza)
Lad.- (Al niño) No tiembles. No podrá hacerlo. Luego se encariñará contigo y te cuidará, ya lo verás. Y tendrás una casita para vivir y una camita para dormir calentito y saldrá el sol y habrá flores.
Niñ.- Pero vosotros no sois mis papás.
Lad.- Lo seremos...Tendrás  juguetes y serás libre, alegre, feliz.
Niñ.- Quiero ver a mis papás... (El niño, entre sollozos, se adormece en brazos del hombre).
Lad.- Pero ¿qué te ha hecho para que lo odies así?
Pop.- Que qué me ha hecho... además de ser cristiano...
Lad.- Es un niño.
Pop.- Y nosotros somos musulmanes ¿recuerdas?
Lad.- Te repito que es un niño.
Pop.- Es tu enemigo.
Lad.- ¿Un niño... mi enemigo?
Pop.- Un niño, hijo de tus enemigos, es tu enemigo.
Lad.- ¿Cómo puedes hablar así? Te desconozco.
Pop.- (Enloquecida) Cuando están tiernos, se les puede matar mejor. Ofrecen menos resistencia.
Lad.- ¡Estás loca! Cómo vas a hacer eso...  ¡y con un niño! ¡Estás loca!
Pop.- (Iracunda) Y qué hacen ellos con nosotros... O es que huimos de nuestras casas incendiadas, de nuestros hogares arrasadas por conocer mundo. ¿Qué hacen ellos? ¿Qué hacen ellos sino matarnos? (Pausa) ¿Y cuánto tiempo crees que tardará ese niño en hacer lo mismo? ¿Cuánto tiempo tardará en matarnos por profesar otra religión o porque quiere nuestro territorio para construir su gran estado?
Lad.- Y qué diferencia hay entre eso que dices y lo que quieres hacer tú con la pobre criatura.
Pop.- (Como si no le hubiera oído:) Lo único que entiendo es que cuanto antes acabemos con ellos, antes se acabará este horror, antes se acabará nuestro sufrimiento, este delirio (Grita:) ¡No te das cuenta de que es un asesino, hijo de asesinos! ¡Asesinos de tus hijos!
Lad.- Pero cómo dices esas barbaridades.
Pop.- Él o sus padres. Son la misma cosa.
Lad.- Tú eras una mujer culta, sensible, inteligente y ahora pareces... una alimaña. (Reflexivo, triste:) ¡Cómo has llegado a esto...!
Pop.- (Extrañamente serena) ¿No lo sabes? (En un vaivén demencial:) Pregúntale al niño qué es lo que esconde con tanto celo en el pechito, bajo la camiseta...
Lad.- Qué, qué es lo que esconde. Dímelo tú (la chilla). ¡Dímelo tú!
La columna avanza en silencio: es el coro del dolor y la tragedia.
Lad.- (Muy cariñoso, al niño) No llores más mi niño.
Niñ.- Tengo hambre.
Lad.- Pronto vamos a parar... y comeremos. (Saca del abrigo un mendrugo de pan y se lo da. El niño come. Se le pasa el llanto. Le hace cosquillas en la barriga, en el pecho. El niño ríe. Suena algo bajo sus ropitas) ¡Uy qué es esto! Tienes un secreto de pirata. Seguro que es una mapa del tesoro. Pues yo quiero verlo. (El niño le mira receloso) Pero no se lo diré a nadie. Sólo tú y yo iremos a buscarlo.
Niñ.- No es un mapa. Pero sí es mi secreto.
Lad.- A ver enséñamelo.
Niñ.- Pero no se lo digas a nadie. No se lo digas a nadie. Ni a ella.
Lad.- A nadie. Ni a ella. Palabra de pirata pata palo.
Niñ.- (Saca un recorte de periódico lo estira y orgulloso se lo muestra:) Son mis papás matando a unos niños malos (Al fondo se proyecta la foto: matanza).
Lad.- (Coge el recorte) Esos niños...
Niñ.- (Señalando la foto:) Estos señores son mis papás...
Pop.- (Que vigila la escena. Con voz de ultratumba) Míralo bien...
Lad.- (Mira y ve en la foto algo terrible) ¡No puede ser! (Baja al niño y lo aparta de sí, sin violencia). ¡No puede ser!
Pop.- Sí, sí puede ser. Los niños "malos" son... son ellos... ¡tus hijos! (Rompe en un llanto histérico).
Lad.- Y estos hombres son sus asesinos.
Niñ.- (Solapando las frases) Son mis papás.
Pop.- Sí. (Llora abrazada a su marido) ¡Tus hijos! ¡Nuestros hijos!
El niño se acerca a Ladislao. Este se aleja, no rechazándole sino huyendo del horror que acaba de contemplar.
Niñ.- (A Popa, sollozando) Por tu culpa ya no quiere ser mi papá.
            Popa mira al niño. Ahíta de dolor. Se aleja. Camina errática, enloquecida. Vuelve a mirarlo. Se para. Lucha consigo misma. Finalmente, resuelta, se dirige al niño, lo abraza y se funden en el mismo sollozo. Ladislao contempla la escena desde más allá del dolor.

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