POR UN ROSTRO ¡que nadie ha visto!

"En su época no había ningún retrato auténtico de Cristo,
y... el tipo de rasgos todavía estaba sin determinar,
de forma que no tenemos absolutamente
ningún conocimiento de su aspecto"
(S. Agustín, según la Enciclopedia Católica)

Hieren más mi sensibilidad –y mi inteligencia— las vestiduras anacrónicas, los ritos, las imágenes e  ídolos, los simbolismos, las soflamas, la caridad institucionalizada que el rostro de un joven  actual suplantando la supuesta cara de Jesús.

Hieren más mi sensibilidad –y mi inteligencia— los exvotos, las reliquias, los santos sudarios, los cilicios, las abstinencias que el rostro de un joven actual suplantando la supuesta cara de Jesús.

Hieren más mi sensibilidad –y mi inteligencia— esas comparsas de dolor y sangre, vía crucis de muerte y resurrección, que el rostro actual de un joven  suplantando la supuesta cara de Jesús.

Hiere más mi sensibilidad –y mi inteligencia— la exención del Ibi, la inmatriculación eclesiástica de locales públicos, la segregación educativa, los dogmas, la infalibilidad, que el rostro de un joven  actual suplantando la supuesta cara de Jesús.

Hieren más mi sensibilidad –y mi inteligencia—la confesión dirigista, la transustanciación de la materia, la virginidad de las madres, la asunción de lo corpóreo hacia lo incorpóreo, la eternidad indemostrada e indemostrable, que el rostro actual de un joven suplantando la supuesta cara de Jesús.

Hiere más mi sensibilidad –y mi inteligencia— que en nombre de Jesús se manipule el hambre, la enfermedad, el sufrimiento; la promoción de guerras, persecuciones, matanzas... que el rostro de un joven  actual suplantando la supuesta cara de Jesús.

Hiere más mi sensibilidad –y mi inteligencia— de ser humano el tener que sentirme parte de una sociedad que acepta y se somete a los paradigmas reseñados, que el rostro de un joven  actual suplantando la supuesta cara de Jesús.

Hiere más mi sensibilidad –y mi inteligencia— la existencia de fundamentalistas fanáticos, dispuestos a todo, con tal de creer y hacer creer a los demás su fe infundada o fundada en los santones que les dicen: "soy el enviado de dios, el depositario de la palabra que tú debes observar y cumplir", que el rostro de un joven  actual suplantando la supuesta cara de Jesús.

Hiere más mi sensibilidad –y mi inteligencia— la deformación mental, sicológica, a la que se nos ha sometido para asumir como natural la aberración que el rostro de un joven  actual suplantando la supuesta cara de Jesús.

Quiero decir:

“Crea usted en lo que quiera. Es muy dueño de encauzar su energía hacia donde le lleve su sensibilidad y su inteligencia —aunque desde luego, yo, en su caso, me preocuparía muy seriamente por la contestación que voy a dar a mi "señor" cuando me pida cuentas acerca de los talentos que me confió.

¡Haga lo que quiera, sí! Pero, por favor,  a mí no obligue, no me multe, no me encarcele, no me sacrifique por  disentir, ironizar o, directamente, reírme de esas costumbres. Piense que usted lleva siglos haciendo esto último conmigo y yo no he podido ni siquiera objetar.


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