Neoliberales de pandemias y otras crisis perpetuas.


Tienen la mente condicionada -¿programada?- para ver la realidad de una manera determinada.
Y  por más  intelectuales que puedan ser, están inhabilitados para ni siquiera sospechar que las cosas del mundo y de la vida pudieran -por no agraviarles con un debieran- ser distintas a como les dicta su “verdad” construida al albur de lo que conviene a su tribu concreta.
Incluso, los hay que, sin pertenecer, ni por cuna ni por posibles, a esa tribu, pugnan por ser asimilados por ella, aunque no lo consigan nunca por muy "emprendedor" que se sea.
Nuestra "no-sociedad" está llena de estos aspirantes: "fracasados", "desahuciados", "marginados", "pensionistas" , "milenials", "centenials" y ya empiezan a añadirse los de la generación "I".
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Y una mañana, al  levantarse, les llegaba la nueva de que había fallecido alguien (padre o madre, familiar, conocido o vecino....) en una residencia de ancianos o ya en la U.C.I. y, tras los iniciales llantos, descubrían que tienen fosilizado el sentimiento en el concepto:“Dios lo ha querido así”.
A lo que añadían, cuando se sentían no observados:¡“una pensión que nos ahorramos"!


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